viernes, 23 de abril de 2010

23 de Abril


Aunque no salga en el telediario junto con las entregas de libros y rosas, hoy, 23 de Abril, se celebra la fiesta de Castilla y León.

En 1517 Carlos I (nieto de los Reyes Católicos e hijo de Juana la Loca, nacido y educado en Flandes) es nombrado rey de España. Cuando llegó a nuestro país no hablaba castellano, subió impuestos y nombró una mayoría de consejeros flamencos. Ya en 1519 es elegido emperador de Alemania, y para costear el viaje necesita recaudar fondos de Castilla. Ese fue el detonante de la rebelión que estalla en Toledo y se extiende por varias ciudades españolas (Burgos, Cuenca, Guadalajara, Salamanca, Segovia, Valladolid, Zamora…) No deja de ser una revuelta, y el 23 de abril de 1521 las tropas imperiales vencieron al ejército comunero e hicieron prisioneros a los cabecillas de la rebelión, Padilla, Bravo y Maldonado, que fueron decapitados en la plaza de Villalar el 24 de abril de 1521, y fin de la historia.


Cuando nadie en la Península tenía todavía conciencia de País ya existía Castilla, típicamente feudal con sus fronteras cambiantes, en dónde se rendía pleitesía de forma jerárquica (a cambio de favores o por la fuerza según cuadrara) de vasallo a señor hacia arriba llegando al Rey. Fue en nombre de Castilla por ejemplo el descubrimiento de América, concretamente para el Rey de Castilla.

Castilla y León tiene la bandera más antigua de toda Europa. Es una comunidad de vas y vienes y continuas luchas por un palmo de terreno duro y frío, seco. Así somos sus habitantes, secos y fríos, hechos al clima. A pesar de toda esa Historia ninguna de las comunidades castellanas es reconocida como Comunidad Histórica. ¿Por qué? ¿Porque no hablamos otra lengua distinta de la española? ¿Porque su evolución histórica ha ido de la mano de la de la nación global a partir del, pongamos, 1513?

El episodio de los Comuneros es uno más de esa Historia rica en dimes y diretes en los que cada trocito de tierra ha sido León, Castilla, Tierra Mora, Castilla y León, Portugal, Zamora, España. En un momento en el que España estaba naciendo los castellanos lucharon por seguir siéndolo y no venderse a los extranjeros. Estaban oprimidos y se levantaron. Perdieron, pero la guerra valió a Carlos I para darse cuenta de que gobernaba a un tipo de personas y que debía de utilizar unos parámetros muy diferentes para ellas a los que estaba acostumbrado. Carlos I se “españolizó”, no a la fuerza pues no fue derrotado, pero sí por la forma de ser de unas gentes. Ahí están para demostrarlo su catolicismo frente a los príncipes protestantes (y todas las guerras sucesivas mezclando religión y política), que sigue viviendo en Castilla en vez de en Austria y otros etcéteras. Al final Castilla se quedó con el rey flamenco y el rey flamenco se hizo castellano.


Hay mucha polémica con la elección del día. Si a alguien se le ocurre otro momento para representar la comunidad de Castilla y León que me lo diga, yo lo he pensado y no se me ocurre ninguno mejor entre otros similares. Pero, como un episodio más de la historia castellana, el día se escogió con sin consenso, disgregando a los habitantes de nuevo. Se tomó casi como símbolo de sublevación al rey en el siglo XX, por los de a favor y por los de en contra de la elección. Y eso hace que los castellano-leoneses en su conjunto no lo acepten, y hoy en Villalar apenas habrá representación pública oficial, y las mil o poco más personas que se acerquen tendrán casi todas banderas republicanas o con la hoz y el martillo para recordar, no lo olvidemos, una sublevación de señores feudales y no del pueblo.


Y apenas se verá ninguna bandera con dos torres, dos leones, cuartelada en campo de gules y plata, la más vieja de Europa. Ninguneados hasta por nosotros mismos, por eso hoy en los telediarios salen libros y rosas. Preciosísima tradición, por cierto, digna de ser exportada por unos y aprendida por otros.

lunes, 5 de abril de 2010

Viva la Pepa


Hace 10 meses escribía una bonita, dulce y educativa entrada en el blog sobre lo servicial de los bancos y las comodidades que nos dan para realizar esas pequeñas gestiones que debemos hacer pero que pueden llegar a ser un pelín engorrosas. Aquí la prueba escrita.

Bien. Damas y caballeros, ha llegado el momento en que el Ayuntamiento de Madrid me notifica que, un año después, debo volver a pagar mi impuesto de circulación. Y, os lo juro por Arturo, no está domiciliado.

Como diría otro Arturo (que es Don), del que me acuerdo cada vez que me presento aquí cabreada, no sé si comenzar a blasfemar en arameo o en lo que se tercie (no creo que tenga tanto caché como para que me escriba afeándome un notario de Pamplona) o directamente ciscarme en los muertos de los banqueros. En todos, uno a uno. Que tras 7 sucursales no tenga domiciliado el pago no es incompetencia, ni desidia, ni problema informático. Es directamente mala fe, abuso de autoridad y muestra de soberbia.

La opción barajada el año pasado se me ha vuelto a pasar por la cabeza sin acordarme de que ya lo había dicho entonces: Coger un bidón de gasolina e ir sucursal a sucursal haciendo una bonita pira. Pero tal y como era de prever la gasofa ha subido (y lo que le queda) y al final no compré el bidón entonces. Y, ¿para qué me iba a valer? La mitad de las sucursales estarán cerradas en breve. Así que no me queda más que respirar hondo, cruzar los dedos por poder hacerlo por Internet que el IBI funcionó muy bien, y relajarme: Conseguir tal vez el último de Don Arturo y empaparme bien del asedio de Cádiz y cómo se engendró el embrión de nuestra primera Constitución.

Aquí la muestra de lo que ha quedado del alma española revolucionaria: Tanta gente que luchó gritando ¡Viva la Pepa! y peleó contra el aborto de aquél embrión, que aquél embrión sí que era democracia ya desde el momento de ser engendrado (espero que captéis la sutileza del juego de palabras) para que ahora mismo dejemos pasar EREs, subidas de sueldos de altos cargos con puestos bien blindados, mangancias de políticos de todo pelaje y condición, burbujas, trapicheos, 4 millones y medio de parados y que los bancos nos enseñoreen con derecho de pernada con, como mucho, una pataleta por Internet. Si es que nos merecemos lo que tenemos, pardiez. Ahora vienen los fanfarrones a tirar bombas y no sólo les agradecemos el pepinazo sino que les hacemos a ellos el tirabuzón y lo que haga falta. Donde usted desee, señor, por supuesto, a mandar.